El Queso de Burgos, uno de los productos más reconocibles de la despensa española, ha logrado un hito histórico: su inclusión en el registro europeo de Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP). Este sello comunitario, publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea, garantiza la autenticidad y la vinculación del producto con su territorio de origen: la provincia de Burgos.
Un queso fresco único en España
Se trata del único queso fresco con denominación geográfica reconocida en nuestro país. Elaborado mediante coagulación enzimática de leche pasteurizada de vaca y oveja, sin prensado ni maduración. Un queso que destaca por su textura suave y mantecosa, de color blanco o ligeramente amarillento. Su sabor es lácteo y delicado, con un sutil regusto a leche de oveja que varía en intensidad según la variedad.
Los formatos oscilan entre los 250 gramos y los 2,3 kilos, siempre con una forma cilíndrica o cilíndrico-cónica característica. Este queso, fresco y versátil, se ha convertido en ingrediente habitual de ensaladas, postres y platos tradicionales de Castilla y León y del resto de España.
Una batalla ganada tras 20 años
La inscripción de la IGP culmina más de dos décadas de litigios. La asociación de productores artesanales Afaquebur, integrada por cinco queserías burgalesas, luchó para proteger el nombre. Todo frente a la industria que comercializaba bajo la etiqueta “queso Burgos” productos industriales sin vínculo geográfico. En 2024, el Tribunal Supremo dio la razón a los elaboradores locales, allanando el camino para su reconocimiento europeo.
Valor gastronómico y cultural
El sello de calidad no solo protege a los productores frente a imitaciones, sino que garantiza al consumidor que está comprando un producto auténtico. Un producto con identidad propia y vinculado a un saber hacer tradicional. El Queso de Burgos IGP es un símbolo de Castilla y León y de la gastronomía española, un alimento fresco, saludable y versátil que ahora goza del máximo reconocimiento en Europa.




