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Cápsulas de café: ¿contaminantes?

Las cápsulas de café llevan entre nosotros más de 30 años. Concretamente, desde 1986 cuando la multinacional suiza Nestlé sacó al mercado la nueva división de su posterior imperio: Nespresso. Su éxito se afianzó, sobre todo, en Europa. Años más tarde, en 1990, quién terminó ganándose a los consumidores estadounidenses fue Keurig, una marca de cápsulas de café de un sólo uso. La división canadiense de esta empresa se enfrenta, sin embargo, a una multa millonaria por el uso de frases falsas o engañosas en relación con la reciclabilidad de sus cápsulas ¡Sigue leyendo!

Preocupación del consumidor por el medio ambiente

Quizás hace veinte año no, pero actualmente los consumidores tratan de adquirir hábitos de compra respetuosos con el medio ambiente. Son muchas las empresas que han mejorado sus proceso de producción haciéndolos más sostenibles. Han invertido investigación y dinero. Y, ¿porqué? Básicamente sus propios estudios reflejan el creciente interés del consumidor por cuidar el planeta. Cuando una persona va a comprar incluye en sus criterios de selección la sostenibilidad. Por desgracia, hay empresas qué alardean de sus acciones medioambientales, pero después dejan mucho que desear en su cadena de producción.

 

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Claro que es un gran elemento a enfatizar para incrementar las ventas, pero siempre desde la veracidad. En el caso de Keurig utilizaban la reciclabilidad de sus cápsulas como reclamo, sin embargo, la Oficina de la Competencia ha puesto en jaque sus afirmaciones. Tal y como explicaremos más adelante resulta que han sido calificadas como falsas o engañosas.

Debemos darnos cuenta de la relevancia que tienen los mensajes que lanzan este tipo de gigantes, ya que los clientes tiene el derecho a conocer todo lo relativo al producto que le estás vendiendo. Y, además, su confianza ante una empresa seria y sincera tan solo necesitaría un segundo para desvanecerse. Veamos qué es lo que ha ocurrido con Keurig Canadá y sus cápsulas de café.

Multa millonaria a Keurig Canadá

La Oficina de Competencia de Canadá ha llegado a un acuerdo con Keurig Canadá «para resolver las inquietudes sobre afirmaciones ambientales falsas o engañosas hechas a los consumidores sobre la reciclabilidad de sus cápsulas Keurig® K-Cup® de un solo uso». Este acuerdo incluye el pago de una multa de 3 millones de dólares, una donación de 800.000 dólares a una ONG Medioambiental 85.000 dólares a la Oficina de Competencia por el costo de la investigación. También han debido comunicar su error a sus clientes a través de su página web y redes sociales.

 

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La empresa de cápsulas de café afirmaba a sus consumidores que las cápsulas podían ser recicladas. Sin embargo, existen municipios en los que los sistemas de reciclaje municipales no aceptan estos métodos. A pesar de ello, Keurig no aviso a sus clientes de esta situación. Además, el proceso para reciclar estas cápsulas es laborioso. Por tanto, chirría con uno de los principales atractivos de este producto: la comodidad.

En el caso de las K-Cups, hay que esperar a que la cápsula se enfríe, separar la tapa de aluminio (que va a la basura), tirar los restos de café o té del interior, retirar el filtro, lavar la cápsula de plástico y, entonces sí, echarla al cubo de reciclaje.  elDiario.es

Keurig no comunicó todos estos pasos a sus clientes. Sin este proceso, sea el municipio que sea, las cápsulas de café son consideradas residuos y terminan en el vertedero. Así lo explica el investigador, Calvin Lakhan, de la Universidad de York en Toronto. Afirma que la inmensa mayoría de cápsulas de plástico nunca serán recicladas, sino que en el 99% de los casos acabarían en un vertedero.

¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por las cápsulas de café?

Pese a la comodidad o el ansiado estilo de vida vendido por empresas como Nespresso debemos preguntarnos «¿Qué precio estamos dispuestos a pagar?«. Las cápsulas de café suponen una grave amenaza para el medio ambiente y, por tanto, también para nosotros y las futuras generaciones. Según datos de OXFAM Intermón al año tiramos 7000 millones de cápsulas de café, lo que se traduce en 13.500 por minuto. Todos estos envases tardan entre 100 y 500 años en biodegradarse ¿Realmente merece la pena?

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