El Ternasco de Aragón IGP vuelve a situarse en el centro de la gastronomía española al convertirse en la primera carne fresca con calidad diferenciada en certificar su casquería. Este logro pionero no solo aporta valor añadido al sector cárnico, sino que también reivindica el papel de la casquería como parte esencial de la tradición culinaria aragonesa.
El proyecto ha sido posible gracias a la colaboración entre Pastores Grupo Cooperativo y Franco y Navarro, con la cofinanciación de la Unión Europea y el Gobierno de Aragón, y la participación de la Universidad de Zaragoza y el CITA. Tras dos años de trabajo en la definición de procesos de clasificación, trazabilidad y control, la casquería ha quedado integrada en el pliego de condiciones de la IGP.
Un producto saludable y con identidad
La certificación asegura que los corderos proceden exclusivamente de ganaderías aragonesas inscritas y de alguna de las cinco razas autorizadas. Su alimentación natural, basada en leche materna y cereales, otorga al Ternasco de Aragón un perfil nutricional muy apreciado: bajo en grasa saturada y con propiedades cardiosaludables dentro de una dieta equilibrada.
Las primeras referencias certificadas son hígados, riñones, asadura completa y cabeza de cordero, piezas que forman parte de la cocina popular desde hace generaciones y que ahora se presentan al consumidor con la máxima garantía de origen y calidad homogénea.
Tradición e innovación gastronómica
La casquería IGP ya está disponible en 34 carnicerías y tiendas especializadas. Además de preservar recetas tradicionales como los guisos o las asaduras a la brasa, este producto ofrece un enorme potencial creativo para la alta cocina. Un ejemplo destacado es la tempura de sesos de Ternasco IGP elaborada en el restaurante zaragozano Gamberro, donde la técnica moderna convierte una pieza clásica en un plato sorprendente.
Con este paso, Aragón no solo fortalece la diferenciación de sus productos cárnicos, sino que también sitúa a la casquería en un lugar destacado dentro del panorama gastronómico nacional. La certificación IGP consolida así al Ternasco de Aragón como símbolo de origen, autenticidad y sabor único, capaz de conquistar tanto a los amantes de la tradición como a los paladares más innovadores.




