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El sector agroalimentario como herramienta contra los incendios

Los incendios forestales se han convertido en una de las mayores amenazas para el sector agroalimentario en España. Cómo en estas fatales semanas cada verano, miles de hectáreas de monte y terreno agrícola arden, con un doble impacto: la pérdida directa de cultivos y explotaciones, y la amenaza a la sostenibilidad económica y social de las zonas rurales.

Desde Galicia, el presidente del Consejo Regulador de las IGP Ternera Gallega y Vaca Gallega-Buey Gallego, Jesús González, lo resume en una fórmula clara: “El uso productivo del territorio es una medida esencial para la prevención de incendios”. Su propuesta se centra en reforzar la ganadería extensiva de vacuno, ovino y caprino, no solo como motor económico, sino como herramienta de gestión del territorio.

La ganadería y la agricultura motor de actividad y contra los incendios

La relación es evidente: un campo trabajado, con pastoreo y aprovechamiento agrícola, reduce la proliferación de maleza y tierras abandonadas que actúan como combustible. Galicia, considerada una reserva alimentaria europea de primer nivel, encuentra en el vacuno extensivo un modelo productivo que combina rentabilidad, conservación y prevención. No en vano, solo en la provincia de Ourense se concentran casi el 10 % de las ganaderías inscritas en Ternera Gallega, que producen el 22 % de los animales del Consejo Regulador.

La situación se repite en otras comunidades. En Extremadura, el incendio del conocido monstruo de Jarilla ha puesto de relieve la importancia de la agricultura como escudo frente al fuego. El Valle del Jerte, con más de 9.000 hectáreas de cerezos, se libró del peor escenario gracias, en parte, a sus propios cultivos, que actuaron como freno natural de las llamas. Sin embargo, otras laderas repletas de cerezos fueron pasto del fuego, dejando a decenas de familias sin un complemento económico clave.

El mensaje para el sector agroalimentario es claro: la prevención de incendios no se logra solo con medios de extinción, sino con políticas activas que fomenten el uso productivo del territorio. Ganadería extensiva, cultivos estratégicos y fijación de población en el medio rural son pilares de una estrategia de prevención que protege tanto a la biodiversidad como al tejido socioeconómico.

El gran reto del rural español pasa por convertir estas actividades en una apuesta decidida de futuro y debe apoyarse desde todas las administraciones, sin poner palos en las ruedas a estas actividades. Porque allí donde hay vida, trabajo y producción, el fuego encuentra menos espacio para avanzar.

 

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