Bebidas adulteradas: vinos, zumos y licores

Desarticulan una organización que fabricaba vino, licores y zumos que se vendían en varios países europeos. En la operación bautizada como Isolu estaban implicadas varias bodegas y alcoholeras de la provincia de Ciudad Real. El destino eran países como Holanda, Austria, Bélgica, Francia, Moldavia y Rusia aunque también en España se han llegado a comercializar. Estas bebidas adulteradas han llegado a generar un beneficio de cerca de 78 millones de euros. Te contamos más sobre la actuación de la Guardia Civil aquí.

La operación se ha saldado con seis detenidos, los dos presuntos jefes y cuatro colaboradores. Además hay imputados otros 27 miembros de la organización. Se calcula que la trama habría llegado a realizar importaciones y exportaciones fraudulentas por importe de casi 100 millones de euros. La operación arrancó en septiembre de 2018 cuando se comenzaron a investigar las prácticas comerciales de varias empresas de la región. Se apreció que estaban introduciendo materias primas para la elaboración de vinos y aguardientes que no se correspondían con las habituales.

Así elaboraban las bebidas adulteradas

En concreto, en lugar de mosto utilizaban la isoglucosa (jarabe de maíz y de otros productos, llegando incluso a utilizar mandioca). Con ello fabricaban vino y alcohol procedente de cereales (frente al alcohol vínico) para la elaboración de aguardientes y brandy. La organización utilizaba esta compleja estructura para una doble operativa. En el caso de la isoglucosa, se transportaba directamente desde empresas productoras o almacenistas de Holanda y Bélgica hasta las bodegas españolas.

bebidas adulteradas

Incautaciones de la Guardia Civil / Foto: benemeritaldia.org

Se documentaba la venta a través de varias sociedades instrumentales nacionales y extranjeras. Estas cambiaban la naturaleza del producto en sus facturas y ocultaban la identidad de los autores del fraude. Cuando se recibía la isoglucosa, se rebajaba y se fermentaba o se concentraba mezclada con productos vínicos. Todo con el fin de abaratar costes y no para aumentar el grado alcohólico de forma artificial. La trama de bebidas adulteradas ha llegado incluso a disponer de laboratorios propios.

En el caso del alcohol, los responsables de la organización compraban el rectificado en depósitos fiscales de Rotterdam (Holanda). Allí lo rebajaban y lo mezclaban para obtener resultados isotópicos compatibles con el vino. A continuación, enviaban el producto hasta una fábrica de alcohol vínico colaboradora. Allí se le añadían congéneres (químicos naturales) de vino o se simulaba su envejecimiento. Esto para perfeccionar la adulteración como aguardiente o brandy. Todo ello también se facturaba a través de varias sociedades instrumentales con la misma finalidad de ocultación.

Cae así esta red de bebidas adulteradas, un sector que no escapa a los fraudes y estafas como podemos comprobar.

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