España siempre ha sido un país de mar. Con casi 8.000 kilómetros de costa, un sector pesquero que genera miles de empleos y una gastronomía reconocida mundialmente por platos a base de pescados y mariscos, parecía imposible imaginar una caída tan acusada en el consumo de pescado. Sin embargo, los datos son contundentes: de los 26,4 kilos por persona en 2014 se ha pasado a apenas 18 kilos en 2024, lo que supone un desplome de casi un 32 % en apenas una década.
Esta tendencia no es un dato aislado. Ha traído consigo un fuerte impacto en el comercio minorista: desde 2007, han cerrado en España unas 5.000 pescaderías, lo que equivale a un tercio de los establecimientos que existían hace poco más de 15 años. En Catalunya, por ejemplo, la cifra es aún más preocupante: una de cada cuatro pescaderías ha desaparecido en apenas seis años, según un informe del CSIC elaborado para el Gremi de Peixaters.
¿Por qué baja el consumo de pescado?
Los expertos señalan que la respuesta no es única, sino la suma de varios factores que configuran una auténtica tormenta perfecta.
- El precio, una barrera real y percibida
El pescado fresco es, de media, más caro que la carne. Aunque la acuicultura ha permitido abaratar especies como la dorada o la lubina, la percepción del consumidor es que el pescado es caro. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), entre abril de 2023 y marzo de 2024, el precio medio de los productos pesqueros aumentó un 3,5 %, y en el caso del pescado fresco, un 4,9 %.
- Cambios de hábitos y estilo de vida
El tiempo que antes se dedicaba a cocinar en casa ha disminuido. Hoy los consumidores, especialmente los más jóvenes, optan por platos sencillos, elaboraciones rápidas o directamente por comer fuera. Además, muchos desconocen cómo preparar ciertas especies o se limitan siempre a las mismas: merluza, salmón, bacalao o dorada.
- Competencia feroz de los supermercados
Las pescaderías de barrio no solo sufren la caída de la demanda, sino también la competencia directa de las grandes cadenas. Los supermercados ofrecen horarios amplios, precios ajustados y promociones, lo que deja en clara desventaja al comercio tradicional. Hoy las pescaderías representan menos del 20 % de la venta final de pescado en España.
- Burocracia y falta de relevo generacional
Los pescaderos denuncian que deben cumplir las mismas exigencias sanitarias que una gran superficie, desde controles diarios de temperatura hasta requisitos de espacio y vestuarios. Para un pequeño local, estas condiciones suponen un peso difícil de asumir. A esto se suma la falta de relevo generacional: el oficio de pescadero no resulta atractivo para los jóvenes, lo que acelera el cierre de negocios familiares.
El consumidor compra menos y menos variado
Aunque España cuenta con más de 200 especies comercializadas, los hogares se concentran en unas pocas. En Catalunya, por ejemplo, el 61 % del consumo total en 2022 correspondió a seis especies: merluza, salmón, bacalao, dorada, boquerón y lubina.
Esto significa que el consumidor no solo compra menos pescado, sino también menos variado, lo que reduce la rotación en las pescaderías y limita la posibilidad de ofrecer especies más económicas. “Hay pescado para todos los bolsillos, pero falta información y campañas que lo comuniquen”, explicant los profesionales del sector
La acuicultura y los congelados: aliados con futuro
La acuicultura ha ganado peso como respuesta a la caída de la pesca salvaje y a la necesidad de precios estables. Doradas, lubinas o rodaballos de piscifactoría son cada vez más habituales y han mejorado notablemente en calidad. También los congelados han dejado de ser un producto de segunda categoría: hoy ofrecen buen sabor, seguridad alimentaria y precios competitivos, sobre todo en épocas de gran demanda como la Navidad.
Qué soluciones reclama el sector
Los gremios coinciden en algunas medidas clave para frenar la sangría:
- Reducir el IVA del pescado del 10 % al 4 % como producto de primera necesidad.
- Campañas de comunicación que fomenten el consumo de especies de temporada y menos conocidas.
- Simplificación de la burocracia, especialmente para microempresas.
- Regulación horaria que permita competir en igualdad con los supermercados.
- Formación profesional para atraer a jóvenes y garantizar relevo en el oficio.
España sigue entre los diez países del mundo que más pescado consumen, junto a Japón, Portugal o Noruega. Pero si no se revierten las tendencias actuales, pronto dejará de ser así.
El descenso del consumo de pescado y la desaparición de las pescaderías tradicionales son un reflejo de cómo cambian los hábitos alimentarios, la economía doméstica y la forma de comprar. El reto ahora es revalorizar el pescado como parte esencial de la dieta mediterránea, mostrar que hay opciones para todos los bolsillos y defender la supervivencia de un sector que forma parte del patrimonio gastronómico y cultural del país.




