La posible venta de Deoleo ha colocado al aceite de oliva en el centro de una batalla empresarial con implicaciones que van mucho más allá de una compraventa. En juego no está únicamente el futuro de una compañía, sino el control de algunas de las marcas de aceite de oliva más reconocidas del mundo y una posición estratégica en un mercado donde España lidera la producción, mientras Italia conserva una extraordinaria fortaleza comercial y de marca.
Deoleo es propietaria de enseñas tan reconocibles como Carbonell, Bertolli, Carapelli, Koipe y Hojiblanca. La compañía alcanzó unas ventas de 821 millones de euros y tiene en España y Estados Unidos dos de sus principales mercados. Su dimensión internacional explica que la operación esté siendo observada desde prácticamente toda la industria oleícola.
Dcoop y Coricelli, frente a frente por Deoleo
La operación ha entrado en una fase de máxima expectación. Entre los principales candidatos aparecen la cooperativa española Dcoop y el grupo italiano Pietro Coricelli, aunque el proceso continúa abierto y existen todavía importantes incógnitas.
Según las informaciones publicadas, Coricelli habría presentado una oferta de alrededor de 500 millones de euros, mientras que la propuesta de Dcoop se situaría entre 460 y 470 millones. La propia Deoleo, sin embargo, ha mantenido la prudencia: sus accionistas estudian diferentes alternativas estratégicas, incluida una posible venta total o parcial de activos, pero todavía no existe una decisión definitiva.
La incertidumbre alcanza incluso a la estructura final de la operación. No está claro que Deoleo vaya a venderse íntegramente a un único comprador. Sobre la mesa podría existir también la posibilidad de repartir determinados negocios o activos entre diferentes interesados.
España produce el aceite, pero las marcas también importan
Aquí aparece una de las cuestiones más interesantes desde una perspectiva gastronómica y agroalimentaria. España es el primer productor mundial de aceite de oliva, con 1,419 millones de toneladas en la campaña 2024-2025, muy por delante de Italia, que produjo 248.000 toneladas.
Pero producir más no significa necesariamente controlar todo el valor del producto.
El aceite de oliva es agricultura, territorio y gastronomía, pero también es industria, distribución, internacionalización y marca. Y precisamente ahí reside buena parte del atractivo de Deoleo. Carbonell, Bertolli o Carapelli permiten entrar directamente en los lineales de numerosos mercados internacionales con marcas reconocidas por millones de consumidores.
Por eso la posible venta adquiere una dimensión especialmente relevante para España. No se discute únicamente quién compra aceite, lo envasa y lo comercializa, sino quién controla la relación final con el consumidor.
El Gobierno quiere una solución española
El Gobierno español ya ha manifestado su posición. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación considera favorable que el posible comprador sea una “entidad española”, siempre dentro del marco legal y respetando las condiciones de mercado. Agricultura también ha señalado la necesidad de preservar los intereses industriales españoles y los de los olivicultores.
La posición gubernamental añade un componente estratégico a una operación inicialmente privada.
Dcoop representa, en este sentido, una opción singular. La cooperativa es uno de los mayores actores oleícolas del mundo y cerró su último ejercicio con unos ingresos de 1.421 millones de euros y una producción anual de unas 200.000 toneladas de aceite. Una eventual integración con Deoleo combinaría una enorme capacidad productiva con algunas de las marcas de mayor proyección internacional.
Pero el candidato italiano tampoco es un actor menor. Coricelli facturó 388 millones de euros el último ejercicio y forma parte de Farmers Elite, un holding con sede en Sevilla que alcanzó una facturación de unos 750 millones. Esta estructura empresarial introduce, además, cierta complejidad en el debate sobre la nacionalidad de la operación.
Una batalla histórica entre España e Italia
La pugna recupera una vieja paradoja del aceite de oliva mediterráneo. España posee un liderazgo indiscutible en producción, mientras Italia ha construido históricamente una enorme reputación internacional alrededor de sus marcas, su capacidad comercial y la asociación del aceite con la gastronomía italiana.
La posible adquisición de Deoleo vuelve a poner sobre la mesa esa competencia.
Y ocurre en un momento especialmente interesante para el sector. La producción mundial alcanzó 3,57 millones de toneladas en la campaña 2024-2025, mientras que el consumo superó los 3,21 millones, un 15,3% más que en la campaña anterior. Para la campaña actual se prevé que el consumo continúe aumentando hasta aproximadamente 3,24 millones de toneladas.
El aceite de oliva, por tanto, continúa siendo un alimento estratégico y con capacidad de crecimiento internacional.
Deoleo puede cambiar el mapa mundial del aceite
La venta también debe entenderse dentro de un mercado cada vez más concentrado. Junto a Deoleo aparecen gigantes españoles como Migasa, Dcoop y Acesur; el grupo hispano-portugués Sovena; italianos como Salov y Coricelli; y operadores de Túnez, Estados Unidos o Australia.
El comprador de Deoleo no se llevará simplemente fábricas, contratos o cifras de facturación. Adquirirá un extraordinario patrimonio comercial construido alrededor del aceite de oliva.
Y ahí reside probablemente la verdadera trascendencia de la operación para España. Ser el primer productor mundial constituye una enorme fortaleza, pero una parte creciente del valor agroalimentario se genera después del campo: en la transformación, la marca, la distribución y la capacidad para conquistar al consumidor internacional.
La incógnita sobre quién terminará comprando Deoleo sigue abierta. Pero la operación deja ya una reflexión importante para el sector gastronómico español: tan estratégico como producir uno de los mejores aceites del mundo es conservar la capacidad de comercializarlo, darle valor y conseguir que el consumidor reconozca sus marcas.




