Manzanas fermentadas y su poder curativo

La técnica de la fermentación es milenaria, ya que las antiguas civilizaciones la utilizaban para conservar mejor los productos al tiempo que aprovechaban sus beneficios. Porque, como sucede con las manzanas fermentadas, este método se ha convertido en toda una tendencia popular actual para sacar el máximo partido a un alimento. Resulta que, tras el proceso donde actúan microorganismos, se triplican sus propiedades saludables y medicinales. Por eso, hoy en este artículo te queremos explicar cómo se fermenta dicha fruta para ofrecerte sus excelentes aportaciones nutritivas.

¿Cómo conseguir manzanas fermentadas?

En general, lo que provoca la fermentación es un cambio en las características organolépticas de los alimentos, ya que las bacterias que existen en él, de forma natural o añadidas, proliferan. Gracias al azúcar que igualmente contienen, esto es posible como sucede en el caso de las manzanas fermentadas. Si esta fruta ya de por sí, en su estado normal para comerla, es muy saludable, puede serlo todavía mucho más tras el proceso. Este se produce concretamente por el ácido málico que entra en juego con las bacterias de la cáscara o piel del fruto. Pero la manera de asegurarte una buena fermentación es a través del jugo de manzana, un preparado previo.

Lava las manzanas (hasta 15 es la cantidad recomendable) y córtalas en gajos, siempre dejando su piel, para después introducirlos en una licuadora, que dará el espeso jugo. Después, vierte este en un frasco de vidrio y mantén a temperatura ambiente en una zona poco iluminada, durante siete días. En el transcurso de este reposo, se irá generando espuma en la parte superior e irá de menos a más.

Tras ese tiempo, el olor ácido caracterizará al líquido, que debes remover para activar, de nuevo, el proceso para lograr manzanas fermentadas. Añade posteriormente este jugo a otro frasco con trozos de la fruta fresca y deja reposar otra semana sin refrigerar. Después, ya sí introduce el recipiente en el frigorífico para conservarlo mientras lo vas consumiendo. Puede ser, de forma directa, comiendo esos gajos o con cucharas de ese puré resultante. Ya solo te queda saber cuáles son sus aportes.

Beneficios triplicados

– Facilita la expulsión de impurezas, arenillas e incluso posibles piedras de tu hígado, gracias a la acción del ácido málico que tienen las manzanas fermentadas. 

– Es un gran diurético frente a toxinas y líquidos del organismo.

– Ayuda a frenar la diarrea por su contenido en taninos y pectina, además de combatir náuseas y vómitos.

– Gran remedio natural contra los ataques de gota provocados por un alto nivel de ácido úrico en tu cuerpo.

– Fortalece la flora intestinal e impide que crezcan microorganismos patógenos en el intestino. También elimina la hinchazón y el estreñimiento. 

– Por su contenido en cistina, arginina y ácido málico, sirve para aliviar enfermedades renales.

– Tu sistema inmune también se verá reforzado gracias a vitaminas, minerales e hidratos de carbono de las manzanas fermentadas. En este estado, todos estos nutrientes se aprovechan más.

– Incluso la piel de la fruta tiene fitoquímicos que inhiben el desarrollo de ciertos tipos de cánceres como el de colon y pulmón.

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