La gastronomía española tiene este año una nueva embajadora. Jerez de la Frontera ha sido nombrada Capital Española de la Gastronomía 2026, un reconocimiento que pone el foco sobre una ciudad capaz de unir historia, vino, tradición, flamenco y cocina como pocos destinos en Europa.
Hablar de Jerez es hablar de una cultura gastronómica construida durante siglos alrededor de uno de los productos más singulares del mundo: el vino de Jerez. Sin embargo, reducir la riqueza gastronómica de la ciudad únicamente a sus vinos sería quedarse corto. Jerez es una experiencia completa donde la mesa, el patrimonio, la música y el paisaje forman parte de un mismo relato.
El vino que conquistó el mundo
El vino de Jerez es uno de los grandes tesoros de la gastronomía española. Sus orígenes se remontan a hace más de 3.000 años, cuando los fenicios establecieron los primeros viñedos en la zona tras fundar Cádiz.
A diferencia de la mayoría de vinos europeos, el Jerez se elabora mediante un sistema único conocido como criaderas y soleras. Este método consiste en mezclar vinos jóvenes con otros de mayor edad de forma progresiva, creando un producto con una personalidad constante y una extraordinaria complejidad aromática.
Gracias a este sistema, cada copa contiene pequeñas proporciones de numerosas cosechas acumuladas durante años e incluso décadas. El resultado son vinos irrepetibles que se presentan en diferentes estilos como fino, manzanilla, amontillado, oloroso o palo cortado.
La importancia histórica del Jerez fue enorme durante la expansión marítima europea. Su graduación alcohólica permitía soportar largas travesías oceánicas sin deteriorarse, lo que convirtió a estos vinos en compañeros habituales de los navegantes. De hecho, fue uno de los primeros vinos europeos que llegó al continente americano.
La capital del enoturismo español
La relación entre Jerez y el vino va mucho más allá de la producción. La ciudad se ha consolidado como el principal destino de enoturismo de España, atrayendo cada año a más de 425.000 visitantes interesados en descubrir sus bodegas centenarias.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es Casa Fundador, considerada la bodega más antigua de Jerez. Fundada en 1730 por Pedro Domecq, alberga espacios tan impresionantes como la conocida Bodega de la Mezquita, una de las mayores del mundo, donde miles de botas de vino reposan bajo una arquitectura inspirada en la Mezquita de Córdoba.
Por sus instalaciones han pasado miembros de la realeza, jefes de Estado y figuras internacionales de la cultura como Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Orson Welles o Steven Spielberg, atraídos por una tradición enológica que forma parte del patrimonio cultural europeo.
Una cocina marcada por el vino y el territorio
La cocina jerezana es el reflejo de una ubicación privilegiada. A pocos kilómetros del mar y cerca de la Sierra de Grazalema, la ciudad dispone de una despensa excepcional que combina productos marinos y de interior.
Los pescados y mariscos procedentes de la costa gaditana conviven con carnes, embutidos y verduras que forman parte de la tradición culinaria local. Todo ello encuentra en los vinos de Jerez un aliado perfecto para potenciar sabores y enriquecer las recetas.
No es casualidad que expresiones como «al Jerez» aparezcan con frecuencia en la gastronomía local. Riñones al Jerez, carnes guisadas o salsas elaboradas con estos vinos forman parte del recetario tradicional de la ciudad.
Entre los platos más representativos destacan la berza jerezana, elaborada con garbanzos, verduras y productos del cerdo; el chicharrón jerezano, aromatizado con especias; y el popular rabo de toro.
En el apartado dulce sobresale el tocino de cielo, una de las joyas de la repostería española. Su origen está directamente relacionado con la elaboración del vino: las claras de huevo se utilizaban para clarificar los mostos y las yemas sobrantes acabaron convirtiéndose en la base de este postre centenario.
Jerez Capital Gastronómica: tabancos, flamenco y una forma de vivir
Si existe un lugar donde se entiende la esencia gastronómica de Jerez, ese es el tabanco. Estos establecimientos tradicionales, cuyo nombre procede de la unión de taberna y estanco, nacieron como puntos de venta de vino a granel y tabaco.
Hoy continúan siendo espacios imprescindibles para disfrutar de los vinos locales acompañados de tapas, mientras el flamenco surge de manera espontánea y convierte la experiencia en algo difícil de encontrar en otros destinos.
La capitalidad gastronómica llega además acompañada de otros símbolos culturales únicos, como el caballo cartujano y la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, donde los espectáculos ecuestres forman parte de la identidad de la ciudad.
Jerez afronta 2026 con el reto de mostrar al mundo que su gastronomía no es solo una suma de platos y recetas. Es una forma de entender la cultura, el vino y la hospitalidad. Una ciudad donde cada copa cuenta una historia y cada mesa habla de siglos de tradición.
Escribe:
Mónica Uriel
Periodista




