El precio del huevo y la carne de pollo sigue en ascenso en España, marcando una de las subidas más notables del año dentro de la alimentación básica. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los huevos se han encarecido un 15,9 % desde enero, mientras que el pollo cuesta un 7,5 % más que a comienzos de 2025. Una escalada que preocupa al consumidor, aunque el sector insiste: no habrá desabastecimiento.
Un mercado tensionado: menos producción, más demanda
Las causas de esta crisis de precios son múltiples y se entrelazan como piezas de un mismo engranaje. La primera, la transición de las granjas hacia sistemas sin jaulas, un cambio exigido por la normativa europea de bienestar animal. Esta reconversión implica menos gallinas ponedoras por metro cuadrado y, por tanto, una caída temporal en la producción de huevos.
A este factor estructural se suma una demanda nacional al alza: los hogares españoles compraron un 3 % más de huevos en el último año —equivalente a unos 245 millones de unidades adicionales—, mientras que en toda la Unión Europea el consumo ha crecido un 20 % en la última década.
En paralelo, el mercado internacional también sufre los efectos de la gripe aviar, que ha reducido la producción en países clave como Francia, Países Bajos o Estados Unidos, impulsando la exportación y encareciendo el producto en origen.
El confinamiento de aves: prevención, no alarma
El Gobierno español ha ordenado el confinamiento de todas las aves de corral al aire libre para prevenir la expansión de la gripe aviar ante la llegada de aves migratorias. Esta medida amplía la restricción que ya afectaba a 1.200 municipios considerados de especial riesgo.
Sin embargo, el sector avícola insiste en que no hay motivo para la alarma. “No existe riesgo de desabastecimiento de huevos ni de carne de pollo”, asegura la Federació Avícola Catalana (FAC). Cataluña representa el 8,5 % de la producción nacional y exporta uno de cada cinco huevos al resto de Europa.
En el caso del pollo, el impacto de la medida es mínimo: solo el 3 % de los pollos en España se crían al aire libre, según la Asociación Interprofesional de Carne Avícola (Avianza). Cada año se producen en el país 750 millones de pollos, que suponen 1,7 millones de toneladas de carne avícola.
Una crisis que golpea al bolsillo
Aunque el suministro está asegurado, el efecto se nota en el bolsillo de las familias. El precio de una docena de huevos de calidad ronda ya los cinco euros, mientras que el pollo fresco supera los 3,50 euros por kilo.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) alerta de que vigilará posibles abusos: “No hay riesgo de falta de producto, pero sí de subidas injustificadas aprovechando la crisis sanitaria”, advierte la entidad.
El Índice de Precios de Consumo (IPC) refleja que los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron un 2,4 % anual en octubre, con incrementos destacados en las frutas, los huevos y la carne. En conjunto, el grupo alimentario ha sido uno de los que más ha impulsado la inflación mensual (+0,7 %).
Una tormenta de factores
El sector atraviesa una auténtica tormenta perfecta: reconversión de granjas, alza de costes energéticos, reducción de producción internacional y picos de consumo. Todo ello en un contexto donde el consumidor prioriza alimentos asequibles y proteicos, como el huevo y el pollo, frente a otras carnes más caras.
“Se están uniendo varios factores que afectan a toda la cadena de valor”, explica un portavoz de Avianza, que subraya la necesidad de mantener la estabilidad del mercado para proteger tanto a los productores como a los consumidores.
Sin riesgo de quedarse sin huevos… pero con precios al alza
Pese a las previsiones, el mensaje del sector es claro: no habrá escasez, pero los precios podrían seguir tensionados durante los próximos meses. Con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina —época de mayor demanda— y las medidas sanitarias todavía activas, el equilibrio entre seguridad alimentaria, sostenibilidad y coste será clave para los próximos meses.
Mientras tanto, el huevo y el pollo, dos de los alimentos más populares y esenciales de la dieta española, se han convertido en termómetros de una inflación alimentaria que sigue poniendo a prueba los bolsillos de los consumidores.




