En España hay una cultura apícola muy amplia e interesante de conocer, tanto que hay que recordar que es el país con mayor número de colmenas. Al menos, esas que estás censadas en la Unión Europea. Los apicultores nacionales trabajan su explotación con un mimo tan especial que el resultado definitivo es un producto de máxima calidad. Así es la miel española.

Prestigio internacional

De esa forma se aúnan el esfuerzo y la dedicación absoluta para obtener unas mieles, muchas de ellas artesanales, cuyo éxito fuera de nuestras fronteras es bastante alto. Ya no solo por los premios que reciben en concursos o certámenes donde compiten con otras de todo el mundo, sino también porque las cifras así lo certifican. De la Península Ibérica salen exportadas grandes cantidades de miel española, sobre todo con destino a países europeos. Por ejemplo, en 2017 se exportaron 24.831 toneladas en total, según datos del ministerio español.

miel española

Dos tarros con miel

Ahora bien, todo ese prestigio internacional que tienen nuestras mieles no se ve reflejado dentro de nuestro territorio, pues importamos mayor cantidad de este producto. Es decir, que el autoabastecimiento de miel para su consumo dentro de nuestras fronteras no se corresponde con la elevada producción y calidad de un alimento Made In Spain. Las razones de que esto suceda son numerosas pero este es un análisis aparte que no toca abordar aquí. Toca hablar de la tradición apícola española, la variedad de productos y esos con identidad propia.

 

¿Cómo es la miel española?

Obviamente cada una de las mieles que se elaboran en España tiene sus características diferenciales porque no se obtienen las mismas en un lugar u otro del territorio. Eso sí, todas tienen en común que son un alimento milenario, que ha acompañado a lo largo del tiempo a las civilizaciones pasadas hasta el día de hoy. Su excelencia, sus propiedades, su aroma y su sabor que deleita a tanto consumidor europeo es fruto del buen trabajo de los apicultores españoles.

La labor actual de cada apicultor español suele proceder de una herencia familiar donde la miel ha sido protagonista. Solo así ha sido posible mantener tanto el tradicional oficio en las colmenas empleando métodos artesanales de extracción de la miel como también la calidad. Esa del producto final que se obtiene de una gran materia prima natural, facilitada por el trabajo de las abejas.

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Apicultores en una explotación con colmenas

Mieles representativas de España

En ese contexto general, entre las distintas mieles españolas debemos destacar la miel mediterránea por sus particularidades. Resalta por su suavidad. Procede de azahar o romero tradicionalmente, pero también la hay de encina, por ejemplo. Es típica de regiones del Levante español. Por lo que las mieles de la Comunidad Valenciana o Murcia son muy aromáticas, delicadas y digestivas.

Sin embargo, en otros puntos del país podemos encontrar excelentes tipos que nacen en zonas montañosas o boscosas. Está la miel de castaño, de brezo y de eucalipto, habituales de zonas del norte peninsular como Galicia o Asturias. También de las regiones que baña el mar Cantábrico sale la miel de acacia y de bosque.

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Tarros de distintas mieles

Ya del sur peninsular destaca la miel de tomillo, la de espliego o la de girasol. Por otro lado, variedades diversas como la de milflores, de naranjo, de lavanda, de zarza e incluso de aguacate se reparten por distintos puntos de España. La meseta central es un territorio que está muy vinculado a la apicultura, por ejemplo. No obstante, muchos son los apicultores artesanos que se dedican a esta labor en cualquier parte del país.

Mieles con identidad

Dentro de todo el universo de este producto en España hay unas mieles que se enorgullecen de tener su propia identidad. Son esas que han conseguido el sello de Denominación de Origen Protegida (DOP) o Indicación Geográfica Protegida (IGP). Estos distintivos reconocen las cualidades propias de esa miel, que está vinculada a un entorno geográfico concreto o al factor humano, entre varios de los indicadores que se tienen en cuenta.

 

Cabe destacar la miel de La Alcarria, que tiene su origen entre las provincias de Guadalajara y Cuenca. Es la más famosa porque fue la primera en conseguir su Denominación de Origen. Bastante conocida es también la DOP Miel de Liébana, en Cantabria. Luego, otras con este sello son la miel de Granada, de Tenerife y de Villuercas-Ibores, en la provincia de Cáceres. Por otro lado, la única con IGP es la de Galicia.

Y tenemos que finalizar este repaso nombrando a la miel más cara de Europa, de la Cooperativa Apícola del Bierzo y elaborada en la localidad leonesa de Camponaraya. Como vemos, el prestigio de la miel española se paga porque es un producto de enorme calidad. Merece la pena disfrutar de su excelencia, propiedades y sabor.

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