«El mito vegetariano»

«El mito vegetariano» no tuvo repercusión en España. Sin embargo, la autora fue atacada en EE.UU; su país natal. Puso el dedo en la llaga al desmontar el sistema de creencias de personas radicales que basaban su identidad en su dieta. ¿Por que causó tanta polémica? ¿Por qué la autora piensa que el vegetarianismo no puede salvar el mundo?

Las claves de «El mito vegetariano»

Este es un libro publicado en 2010. Su autora, Lierre Keith (1964) era una conocida activista ecologista y feminista por aquel entonces. El impacto de su libro fue tal que un grupo de radicales que estaban en desacuerdo con sus ideas irrumpió en una conferencia sobre su libro. Le lanzaron pasteles de pimiento a la cara mientras gritaban «go vegan» («hazte vegana). Lo llamativo del caso es que ella ya fue vegana antes… ¡Por veinte años! ¿Qué le llevó a proclamar que existe el mito vegetariano?

A lo largo del libro Keith explica su relación con la comida. Siempre estuvo marcada por el compromiso con el medio ambiente y el bienestar animal. Sin embargo, se dio cuenta de que algunas cosas no cuadraban. Para empezar, pasó años con un cansancio extremo con el que tenía que sentarse cada vez que iba a hacer la compra. Además, pasó gran parte de su juventud deprimida. Por si fuera poco, desarrolló problemas de espalda. Mientras vivía en un entorno rural fue cambiando su percepción sobre los animales que cuidaba.

el mito vegetariano

Lierre Keith, autora de «El mito vegetariano»/Fuente: @tabernasmadrid en Twitter

Comenzó a informarse por vías que no potenciaban sus sesgos de confirmación. Uno de los asuntos que menciona en el libro es que el ser vegetariana o vegana era una cuestión de identidad. Su círculo únicamente reforzaba sus creencias. Tras tener en cuenta muchas consideraciones volvió a comer carne y se sintió mejor. Plasmó su experiencia en «El mito vegetariano» con la idea de concienciar al público. ¿Pero por qué dejó de creer que una dieta sin carne puede salvar el planeta?

Motivos políticos

El libro consta de tres capítulos, cada uno dedicado a una temática. El de esta hace referencia a la lucha contra la degradación medioambiental que para ella creen llevar a cabo los vegetarianos. Básicamente concluye que no es más sostenible importar frutas masivamente desde monocultivos de otros países. Estos, como el aguacate, son causa de deforestación y pérdida de vida autóctona. Tampoco le parece correcto cultivar cereales anuales (trigo, arroz…) sobre superficies masivas donde antes había otras especies.

No solo supone esto un derroche de recursos (regadío) sino que se arrasan por completo bosques y praderas con todas sus especies. No olvidemos que estos son sumideros de carbono que retienen el CO2. Además, sin los animales que pastan ahí, el suelo se degrada. Estos se comen el sobrante de hierba y reponen nutrientes mediante el estiércol. Por lo general los abonos químicos empleados dependen de combustibles fósiles. Al igual que el desplazamiento de la comida a lo largo de grandes distancias.

Motivos nutricionales

Keith defiende en «El mito vegetariano» que no es viable llevar una dieta sin carne a largo plazo. Incluso afirma que los vegetarianos y veganos mejor informados acaban con carencias. Una sustancia poco conocida que menciona son los triptófanos, los precursores de la serotonina. Esta es, grosso modo, la hormona de la felididad. También carga contra los carbohidratos. Les acusa de provocar un subidón (pico glucémico) que luego se desvanece causando agotamiento.

diferentes tipos de carne / carne poco hecha

Keith destaca los aminoácidos de la carne que permiten una correcta absorción de las proteínas / fuente: pexels

Hace un repaso de las enfermedades relacionadas con la dieta desde que existe la agricultura, lo cual es muy interesante. Afirma, a pesar de la falta de consenso científico, que la soja causa graves desequilibrios hormonales. Para ella, la mayoría de estudios no concluyen nada serio porque los financian las multinacionales de la agricultura (Monsanto).

Razones morales

La autora era muy reacia a la idea de matar para comer. A lo largo del primer capítulo sostiene que la idea de «humanizar» a los animales es algo egoísta propio del ser humano. No le parece correcto que el ser humano se vea como el centro del universo. Concluye que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Si hace falta matar a un animal debemos hacerlo por supervivencia y estando agradecidos por sus nutrientes.

el aumento de la producción ecológica se ve reflejado también en la ganadería

Vacas de producción ecológica pastando por las montañas/Fuente: Pixabay

Conclusión

La solución que propone es sensata. Una dieta (que recuerda bastante a la paleo) consistente en comer lo que te ofrece la región donde vives. No hace falta de esta manera derrochar recursos. Por ejemplo, un español del norte cuenta con prados que no requieren de regadío. Este sirve de alimento para reses, cuya carne debería comer de forma moderada. También debería incluir muchos vegetales que puedan crecer en la zona, huevos y frutos secos.

«El mito vegetariano» (poniendo otro ejemplo) se muestra en contra de criar reses en zonas áridas. Obviamente ahí no hay agua, por lo que se destruyen otros ecosistemas al abusar de sus recursos. Para acabar, diremos que propone reducir el consumo de carne al estar en contra de la ganadería industrial. Solamente concibe como sostenible la que integra a los animales en el entorno natural de forma que flora y fauna se benefician mutuamente. Un libro interesante por sus ideas pero que no debemos tomar como dogma. Debemos contrastarlo.

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